jueves, 18 de diciembre de 2014

viernes, 21 de febrero de 2014

Venezuela



En el año 1995, viví tres meses en Caracas. Viaje en el mes de mayo, para asistir a un curso de investigación y gerenciamiento cultural auspiciado por la OEA. La música estaba en las calles y era estimulante comenzar la jornada en ese clima. Me levantaba muy temprano por la mañana. Los docentes habían configurado un plan de estudios ambicioso. Alternábamos una jornada de 9 hs diarias de clases de posgrado con la concurrencia a fiestas populares (estos restos de la colonización española abundan en los diferentes estados que conforman la república de Venezuela). 

Venezuela fue pionero en dar a las Artes categoría de estudios universitarios. Me maravillaba recorrer los pasillos del Teatro Teresa Carreño. Los estudiantes estaban entregados a sus instrumentos y a la práctica de sus ejercicios con disciplina y devoción. 

La naturaleza en esas tierras es generosa. El Ávila, esa montaña que rodea Caracas, es el guardián del valle en el que trabaja, ama y sueña el pueblo venezolano. Ellos sienten que es una verdadera bendición. Confieso que su imponente presencia provoca en el alma el despertar del espíritu poético. 

Fui la única argentina que integraba un grupo de latinoamericanos representantes de Colombia, Honduras, El Salvador, Panamá, Chile, Brasil, Bolivia y Paraguay, acogidos por nuestros anfitriones venezolanos. 

La experiencia fue intensa. Nuestro trabajo de campo lo realizamos en Barquisimeto, una ciudad musical. Aprendí a querer a nuestros hermanos venezolanos...solidarios, buena gente...

Hoy me apena enormemente la represión que sufren por el simple hecho de manifestar su desacuerdo...represión de una mal entendida democracia que intenta detener a los manifestantes - en su mayoría estudiantes - con armas. 

¿Es posible que los que están en el gobierno no asuman la responsabilidad de sus actos? ¿Es posible que favorezcan la fragmentación del cuerpo social? La gente ha salido a las calles por la falta de satisfacción de las necesidades básicas y por la inseguridad, que es un problema gravísimo en esa tierra desde hace mucho tiempo (ya lo era durante el gobierno de Caldera). Ya entonces comenzaban a armarse lo que ellos denominan "los colectivos" grupos que eligieron la modalidad de la lucha armada. Una lucha que no tiene en cuenta la complejidad cultural de ese pueblo mestizo, que proviene de distintas raíces étnicas.

Hoy se suma a esta situación la paranoia del gobierno y la persecución que han emprendidos con quienes han salido a las calles. Se busca acallar la disidencia. Hay denuncias de que se ha armado a un grupo sin formación ni conducción. Es un estallido que no se puede detener y la única respuesta es la represión. Hay denuncias de estudiantes desaparecidos. Hay denuncias de estudiantes torturados. Hay un líder popular preso. Se han bloqueado los canales de información...

Nuestros hermanos venezolanos no merecen esto.

miércoles, 15 de enero de 2014

Lluvia - Juan Gelman

Juan Gelman (1930-2014)







...no me siento orgullosa de sentir tristeza por su muerte...lo he leído y es tan viva su palabra que me avergüenza esta flojera...

Hoy he caminado la ciudad. Busqué una mirada con la que pudiese compartir la desolada realidad de esta pérdida. Sólo me he cruzado con individuos concentrados en sus urgencias...Pero en medio de esta vorágine me ocurrió una palabra: cucurucho...estuve tentada y quise hacerla a un lado. Sin embargo, volvió insistente...y con ella la dulzura de la infancia...recorrí esa voz con la mirada...tiene apariencia de onomatopeya y, sin embargo, no reproduce los sonidos sino la forma en que se presenta y se hace alimento...un punto que contiene...un sabor que se hace palabra...

Tal vez de lo que se trata hoy, sencillamente, es que está de duelo la palabra...¿quién la amará como él lo hizo?...hasta el final de sus días...a punto tal que él permanecerá vivo en ellas...como en este poema que transcribo:



'La economía es una ciencia', de Juan Gelman

En el decenio que siguió a la crisis
se notó la declinación del coeficiente de ternura
en todos los países considerados
o sea
tu país
mí país
los países que crecían entre tu alma y mi alma
de repente duraban un instante y antes de irse
o desaparecer dejaban caer sábanas
llenas de nuestros sexos
que salían volando alrededor como perdices.
¿Quiere decir que cada vez que hicimos el amor
dejábamos nuestros sexos allí,
y ellos seguían vivitos y coleando como perdices suavísimas?
Qué raro, mirá que lavábamos las sábanas
con subordinación y valor
para que los jugos de la noche pasada
no inauguraran el pasado
y ningún pasado pusiera una oficina entre nosotros
para ordenarnos el hoy
porque el alma amorosa es desordenada y perfecta
tiene mucha limpieza y lindura
se necesita todo un Dios para encerrarla
como le pasó a Don Francisco
que así pudo cruzar el agua fría de la muerte.
Es bien raro eso de nuestros sexos volando
pero recuerdo ahora que cada vez que yo entraba en tu sexo
y me bañaban tus espumas purísimas con impaciencia
y dulzura y valor
me parecía oír un pajarerío en el bosque de vos
como amor encendiendo otro amor,
o más, es cierto que cada vez nuestros sexos resucitaban
y se ponían a dar vueltas entre ellos
como maripositas encandiladas por el fuego
y se querían morir de nuevo
buscando incesantemente la libertad
y había un país entre la vida y la muerte
donde todo era consolación y hermosura
y no poseíamos nuestro corazón
y nuestros sexos se perdían como almas en la noche
y nunca más los volvíamos a ver para entender
estudio los índices de la tasa de inversión bruta
los índices de la productividad marginal de las inversiones
los índices de crecimiento del producto amoroso
otros índices que es aburrido hablar aquí
y no entiendo nada.
La economía es bien curiosa
al pequeño ahorrista del alma lo engañan en Wall Street
los sueldos de la ternura son bajos
subsiste la injusticia en el mercado mundial del amor,
el aprendiz está rodeado de nubes que parecen elefantes,
eso no le da dicha ni desdicha
en medio de las razones
las redenciones
las resurrecciones.
Se lleva el alma a la nariz para sentir tus perjúmenes
estoy viendo volar los pajaritos que te salían del sexo
mejor dicho
de más allá todavía
de todo lo que valías
o brillabas
o eras
y dabas como jugos de la noche.