jueves, 28 de febrero de 2013

In memoriam, un adiós a Gloria Pampillo...

La conocí en el año 1985. Ella vivía en la calle Tucumán y estaba separándose de su segundo marido. Yo estaba viendo cómo se desintegraba mi primer matrimonio. Leí un anuncio en un diario y supe que tenía que asistir a su taller. ¡Qué nombre! Gloria Pampillo. Descendiente de gallegos. Yo, también. Sólo dio dos clases. No había gente interesada. No aceptó cobrarme. Recuerdo que le regalé una planta y nos comprometimos a continuar al año siguiente. Volví. Yo había atravesado una experiencia extrema en un taller de poesía y sólo conseguía escribir prosa poética, dolorosa, hermética. Me desesperaba no lograr extenderme en un relato que alcanzara el corazón del lector. Gloria tenía el don de la crítica inteligente, respetuosa, creativa. Y, gracias a esa elegancia y a ese amor por la palabra, los textos, mis textos se deslizaban confiados en la hoja en blanco. Durante dos años asistí sin faltar a sus talleres. Y, al poco tiempo, ella me estimuló para iniciarme en el periodismo infantil. Así, entré a trabajar en Editorial Atlántida, en la revista Billiken. Fue uno de los períodos más significativos de mi vida. Siempre sentí hacia Gloria un profundo agradecimiento. Su amistad incondicional, su exquisito sentido del humor. La recuerdo reírse...escuchar con atención y respeto a su interlocutor...intervenir con la agudeza que siempre la caracterizó. Al publicar mi primer libro de relatos, ella fue mi madrina. Escribió la contratapa con esa precisión que sólo alcanza un maestro en el arte de la palabra. Hoy, 27 de febrero del 2013, quiero despedirla como se merece, con el mejor recuerdo y el afecto que ella sabía despertar...