viernes, 14 de mayo de 2010

El duelo

Durante la noche, las escenas preparatorias no me dejaban dormir. Veía la alianza muda de los que quedan sin queja, envueltos en un cansancio que los hace parecer egoístas a sus ojos. Mi madre llamó. Su voz estrangulada en la angustia: Dejó de sufrir. Y las palabras no dan crédito al hecho. Mi madre sufre y su compasión la sume en una compleja trama de imágenes que le devuelven a su ser querido con vida. Y esa fatal certeza de que la historia podría haberse escrito de otro modo. La ahuyenta con un gesto. Y ese manoteo desesperado es un espantapájaros que protege el campo de intrusos que roben su semilla. Mi madre teme a la sombra y su voz llena el espacio de palabras que luego no recordará.